¡Quiero jugar!

En una pequeña casa, en un pequeño pueblo, Nicolás y sus padres iban a pasar su primer día en su nueva casa.

La primera noche, Nicolás se despierta de madrugada y ve que a sus juguetes les pasa algo, los juguetes que funcionan con pilas están encendidos porque hay un niño que está jugando.

 Nicolás y el niño jugaron juntos hasta que tuvieron sueño.

 Al día siguiente, Nicolás se lo cuenta a sus padres, les dice que tiene un amigo que viene por la noche. Al principio, sus padres no se lo creen. Hasta que un día, de madrugada, sus padres oyen ruidos de risas de su hijo. A la noche siguiente, los padres ponen cámaras de vigilancia porque tienen curiosidad y quieren saber  qué le pasa a Nicolás. En las cintas de seguridad se ve a Nicolás jugar con alguien, pero no se ve a la otra persona.

 Preucupados, al día siguiente, los padres contratan a especialistas en sucesos paranormales. Al hacer una psicofonía, se oye al niño el niño decir:

 – “Me llevaré a Nicolás”

 El especialista, preocupado, intenta que el fantasma se vaya. Descubre que el fantasma es de otra época. Es un niño que ha muerto ahogado y no quiere ir al otro mundo porque se aburre y quiere tener amigos.

 A la mañana siguiente, Nicolás aparece muerto en la habitación. Los padres acosados  por la pena se mudan.

 Han pasado 20 años y una niña juega en la casa.  Parece que está sola, pero se oyen las risas de otros dos niños.

Diego Navarrete