Fidelis regi en la escuela

 Los Fidelis Regi nos visitaron. Esta crónica ha sido escrita por Enrique:

BREVE CRÓNICA DE LA JORNADA QUE LOS CABALLEROS E DAMAS FIDELES REGI PASSARON EN LAS ESCUELAS DE INFANTES DE LA VILLA DE SANT IOAN DE MOÇARRIFAR, DE LOS DESVELOS QUE PARA CON ELLOS TUVIERON SUS MAGISTRI E DEL ENTUSIASMO ET GOYA CON QUE LOS INFANTES LOS RECIBIERON Assí como otros acontescimientos que en ella se verán narrados, como es hábito, por el Cronista Maior de la hueste real dom Enrique de Çaragoça, que ya están vuesas senyorías acostumbrados a leellos.

JORNADA ÚNICA

«Non es la prima vez que manifiesta el escribano su especial interés e alegría por participar en actos para los infantes, que son el futuro de toda sociedad, pues es bien sabida mi sana inclinación por la docencia e la enseñança de las artes militares de los Fieles del Rey, por lo cual nada añadiré a este particular como non sea de nuevo el orgullo y la satisfacción de ver los rostros de los niños resplandecientes de emoción e interés contemplando las diferentes pieças de la panoplia de un caballero de Su Majestad, la manera de conciliar las anillas de una cota de mallas o la curiosidad (bendita sea la inocencia infantil) de ver deslizarse un cálamo cargado de negra tinta sobre el pergamino… Pues de todo ello hubieron ocasión los niños de las Escuelas llamadas «Andrés Oliván» en la villa de Sant Ioan de Moçarrifar el pasado jueves, 26 de março del presente anno de 1209, donde habían sido convocados los Fideles Regi por celebrarse en ellas unas jornadas medievales a las que non podíamos faltar. De modo que, cargados los jumentos con nuestros arreos e con ánimo presto a la batalla, partímonos los caballeros Artal de Alagón, Ruy Ximénez de Urrea e yo mesmo, acompañados por la bella dama donna Ana de Luesia, a la villa muçarrifariense por mostrar a los pequeños la grandeza e la miseria de la vida y la guerra en tiempos del rey don Pedro el Secundo de Aragón. Partí de mis tierras zufarienses pasada una hora de tercia en mi caballo blanco e tardé apenas unos minutos en arribar a Sant Ioan, pues apenas dista unas pocas leguas del casar de Zufaria, si bien el menguado escribano perdióse entre las sus calles (que ya es difícil, pues non hay más de una docena mal contada) et hubo de preguntar por dos veces a los vezinos de la villa por dónde se escondían las escuelas, pues tal parecía ocurrir con ellas que non había modo de encontrallas. Mucho se sorprendieron los muçarrifarienses de ver la mi imagen, pues por ganar tiempo iba ya vestido con mis galas de barón aragonés (tabardo rojo, capiello negro) e non era costumbre dellos topar por las calles de la villa con un noble aragonés montado en un caballo blanco que les preguntase por las escuelas. Mas mostraron indulgencia conmigo los vezinos e siguiendo sus indicaciones, finalmente, llegué a las verjas de las dictas escuelas hallando allí ya a mis compañeros, a los cuales saludé efusivamente (que siempre es agradable encontrallos) e ayudéles a instalar la expositio de armas que iba a ser la primera actividad que con ellos desarrollamos. Presentáronse los magistri de las escuelas a los caballeros e damas Fideles et fizieron aquestos lo propio, con lo cual dimos por començada nuestra labor en el lugar. Nihil obstat, sin embargo, para que antes de iniciar las explicaciones fuésemos todos a desayunarnos, que había salido yo del casar de Zufaria sin hacello et vuesas senyorías saben que non soy hombre hasta non haber llenado las tripas de algo contundente, y más las mías, que tanto son capaces de albergar. Passeé mi oronda figura por los pasillos del centro, asustando a un par de tiernos niños et la su magistra, que me miraban como al Anticristo, e así pues desayunado copiosamente e dejado constancia de la mi presencia, passamos a vestir al caballero don Artal de Alagón siguiendo mis explicaciones en el patio de las escuelas, do todos los niños escuxaron a plazer mis palabras por disponer de un sortilegio mundano que llaman «micrófono» et que me permitió fablar a todos los reunidos sin necesidad de usar grandes gritas, como suele ser costumbre, que me dejan la voz hecha polvo et soy incapaz aluego de cantar maitines, por lo que el hermano maestro del coro está a punto de prohibirme uno de estos días volver a participar en estas cuitas.

Fecha aquesta actividad con grande aprovexamiento de todos los presentes (y más del de dos muchachos ya talludicos que nos ayudaron como escuderos), passamos a explicar los armeros instalados en la biblioteca -cosa de la que se encargó en modo admirable don Artal, que conosce de armas e su uso mucho más queste vuestro escribano- e tras ello fuimonos maestros e fideles a tomar un refrigerio previo a la comida, que degustamos en el refectorio e que fue muy sabrosa e bien digerida.

Mas ya los pequeños habían acabado sus quehaceres et a la tarde aún esperábannos otro par de actividades antes de cerrar la jornada. E fueron estas un taller de cotas de malla, del que se encargó el buen don Ruy Ximénez de Urrea, la continuatio de la exposición de armas para los más pequeños, que fue fecha por don Artal, et un taller de escritura medieval, del que fui director yo mesmo, de modo que los infantes disfrutaron del uso de los cálamos e tuve el plazer de dibuxar tres o cuatro de ellos para las Escuelas, para los dos escuderos que nos habían ayudado a la mañana y para la clase de 5º de Primaria a lo que atendí a la tarde, quedando todos muy contentos con sus tareas y más yo con mis enseñanças.

Y como todo llega en este mundo, llegó también la hora de acabar nuestra labor. Viniéronse los padres de los niños a buscallos, recogimos nosotros nuestros enseres, rescibimos los parabienes e las felicitaciones de nuestros buenos anfitriones (que nos trataron como si fuésemos reyes e reinas más que caballeros e damas) e nos despedimos dellos no sin antes prometelles nuestra colaboración e presencia siempre que lo dispusieran e las circunstancias nos lo permitieran.

E así ocurrió como lo he contado e seguiré contando en lo sucesivo, desde el scriptorium deste castillo de Zufaria do los cálamos esperan ser limpiados hasta nueva ocasión de narrar nuevas aventuras.

Pax vobiscum in nomine Patris, et Filii et Spìritu Sancti. Amen.»

Enrique de Çaragoça.

 Aquí tenéis las fotos con las clases.



Fotos de cómo se viste un caballero
Fotos del Taller de Caligrafía Medieval
Fotos del Taller de Cotas de Malla
   Fotos de la exposición de armas