El juego de cartas

 

EL JUEGO DE CARTAS

 

Es un día de junio, Pedro y yo somos amigos y estamos en mi habitación jugando, Pedro tiene 11 años y yo tengo 12 años.

 

De repente, abro los ojos y estoy en una casa diferente, tenebrosa muy oscura, no es ni mi casa ni la de Pedro. No sé lo que ha pasado lo único que recuerdo es estar en mi habitación jugando a un juego de cartas diferente.

 

Las encontré en el cofre de mi abuelo, un cofre muy viejo y desgastado por el paso de los años, sobre él había un cartel en el que ponía: “Prohibido tocar”. Tuve muchas dudas sobre si tenía que coger la baraja o no, le pregunté un montón de veces a mi amigo, él me decía que las cogiera, que no pasaba nada, que nadie se ibaa a enterar, al final me decidí a coger la baraja para jugar un rato.

 

El juego consistía en repartir las cartas entre los dos e ir echando hasta que saliera la pareja de la carta, si no salían en ningún momento teníamos que repartir otra vez hasta que saliera.

 

Decidimos jugar una partida con la extraña baraja, cuando repartimos las cartas, a Pedro le tocó una carta diferente en la que salía esta misma casa. Y no recuerdo nada más.

 

Ahora estoy con Pedro en la casa investigando cómo salir de la casa, hay dos caminos oscuros y tenebrosos con telas de araña como si no hubieran pasado por allí desde hace muchos años. Yo voy por un camino y Pedro por otro camino. En mi camino me encuentro con muchas cosas, pero no sé muy bien lo que son porque está tan oscuro que no veo nada; al final del camino se encuentra una puerta negra grande y con muchas telas de arañas, la abro con cuidado y, de repente, estoy en mi habitación real.

 

Estoy contento porque he conseguido salir de la casa. Veo la carta encima de la mesa, la cojo y la rompo. En ese momento, se oye un grito:

 

 -“¡Ayuda!”.

 

Me doy cuenta de que Pedro sigue dentro de la casa y no ha podido salir. Tomo la baraja y busco una carta igual, pero no la hay.

 

Desde ese mismo día, busco esa misma casa o esa misma carta, porque no soporto los gritos de ayuda de Pedro.

 

Espero que esto acabe pronto porque 80 años escuchando los gritos de Pedro son muchos años.

 

 

 

Sergio Rodilla